domingo, 10 de abril de 2011

UN PUENTE LEJANO, de Richard Attenborough


Rodada en 1977 por Richard Attenborough, Un puente lejano reconstruye la operación Market Garden que se sacó de la manga Montgomery para ganarle por la mano al general Patton en el pulso que ambos mantenían por ser el general que derrotara a Hitler.

Es una película sobre la guerra, por tanto bélica, pero no es belicista en absoluto, sino antibelicista. Attenborough consigue desentrañar la complejidad de lo ocurrido apoyándose en un reparto de estrellas que nos permite seguir la acción desde todos los lados del frente, tanto en el lado alemán como en el aliado, y al mismo tiempo introduce algunos de los mejores momentos de la historia del cine bélico, con planos que a veces parecen salidos del cine documental, como el ballet aéreo de los aviones despegando arrastrando los planeadores, y que al llegar al cielo del suelo holandés ocupado por los alemanes hacen exclamar al oficial alemán encargado de las dos divisiones Panzer establecidas en la zona: “Ojalá tuviera tanto poder en mis manos, aunque solo fuera una vez”.

Ese momento, esa frase, por ejemplo, clarifica uno de los motivos esenciales por los que, en ese momento, estaba ya claro por qué los alemanes iban a perder esa guerra. La superioridad aérea de los aliados, basada en el número de aparatos que podían llegar a poner en el aire, absolutamente arrollador frente a las limitaciones que experimentaba la Luftwaffe alemana para poner suficiente fuerza aérea en vuelo.

Luego llega el salto de los paracaidistas, con cámara subjetiva incluida para que entremos en la acción con una clave casi documental, o las escenas del cañoneo, mucho más reales que en otras películas bélicas y que confirman que el despliegue con que contó el director para rodar esta producción hacen de Un puente lejano una especie de película imposible de hacer hoy en día movilizando tal cantidad de medios y fuerzas, algo así como el Ben-Hur del cine bélico. Hoy sin duda sus necesidades acabarían siendo resueltas por la oportunia incorporación de efectos visuales, pero a finales de los setenta todo lo que vemos en pantalla es real en lo que a hombres, figurantes, tanques y aviones se refiere. Lo mismo vale para las explosiones, disparos, etcétera. Eso es lo que hace también que la película sea la mejor en su género, esto es, en la reconstrucción de momentos o batallas de la segunda guerra mundial.

Además, resuelve mucho mejor que otras películas como El día más largo, La batalla de las Ardenas, etcétera, el tema de la falta de protagonismo único o definido sacando el máximo partido a su grupo de estrellas, por mucho que Steve McQueen no quisiera interpretar el papel de Cook, el oficial americano que cruza rezando el río para tomar el puente de Nimega precisamente porque sólo estaba interesado en hacer papeles con claro protagonismo, no películas de reunión de estrellas como ésta. Y eso a pesar o quizá a consecuencia de haber rodado El coloso en llamas.

El caso es que cada una de las estrellas implicadas en la película tiene su momento de claro protagonismo, aunque no es menos cierto que la historia real del asunto impone un protagonismo más claro para el personaje del General Urquhart interpretado por Sean Connery y para el del Teniente Coronel Frost, al que da vida Anthony Hopkins, que son los que se quedan aislados en Arnhem, el punto final, el puente lejano que presta su título al libro de Cornelius Ryan en el que se basa la película. Que Hopkins en ese momento sea bastante parecido físicamente a Richard Attenborough puede ser una casualidad, pero también habla de la posibilidad de que el director haya encontrado un alter-ego ante las cámaras, si bien él mismo hace un cameo como uno de los pacientes del manicomio que escapan tras el bombardeo por el bosque, tropezando con Urquhart y sus hombres como una especie de premonición de cómo va a desarrollarse posteriormente el resto de la operación.

El paso del puente de Arnhem por los alemanes, el combate en las calles de la ciudad, puerta a puerta, la manera de explicar las claves de la operación por parte del Horrocks interpretado por Edward Fox, con el símil de las películas del oeste y la llegada de la caballería, refleja junto con otros momentos cuidadosamente elegidos, como la construcción del puente artificial durante la noche, lo que fue toda la operación: una sucesión de pequeños éxitos, o quizá no tan pequeños, seguidos por grandes fracasos. El Coronel Stout, interpretado por Elliott Gould, termina el puente y cuando se están felicitando por ello se mira el reloj y afirma: “llevan 36 horas de retraso”.

Es la mirada antibelicista que domina en todo el largometraje, manifestada en escenas como la del soldado que se sacrifica… para recuperar un puñado de boinas de repuesto, el heroísmo extremo y el sacrificio que se desperdicia miserablemente, como la columna fracturada del general norteamericano interpretado por Ryan O´Neal, o quizá el mejor momento de toda la película en lo que a escenas de acción se refiere, el paso del río con los botes llevado a cabo por Cook…

El tema del antibelicismo se manifiesta con gran eficacia a través de la mirada de los civiles y de algunos hechos y frases de los militares. El general de paracaidistas polaco encarnado por Gene Hackman descarta la discusión sobre dónde empezó a fallar la operación afirmando: “No importa donde fue. Basta el instante en que un hombre le dijoa otro ¿por qué no jugamos a la guerra?... y mueren todos”.

O la respuesta de Urquhart cuando su oficial superior, encarnado por Dirk Bogarde, le ofrece una cama para que duerma un rato y se recupere: “Llevé a 10.000 hombres a Arnhem y he regresado con menos de 2.000. Ahora no podría dormir”.

O el plano del soldado llevando al compañero herido en brazos y pasando por una masa de otros soldados igualmente heridos que esperan en el hospital improvisado la llegada de los alemanes…

Pero sobre todo el antibelicismo se manifiesta a través de los ojos de esos dos civiles que ganan protagonismo hacia el final de la película, el médico holandés encarnado por Laurence Olivier y la madre encarnada por Liv Ullman.

No es casualidad que Attenborough haya elegido cerrar la película con ese plano en el que les vemos atravesar un horizonte amarillento, convertidos en siluetas con cierto aire medieval, porque la guerra, cualquier guerra, siempre es un paso atrás en el tiempo, hasta las etapas más salvajes de nuestra historia…

Los niños pasando entre las tumbas improvisadas de los soldados caídos en la batalla son toda una reflexión sobre el absurdo de la guerra.

Attenborough consigue así hablarnos del sacrificio y el heroísmo, rindiendo tributo a los héroes y a los caídos, sin dejarse arrastrar a la trampa de la entronización de la guerra como fábrica de relato épico. Más que épica, su película transmite una sensación de cuadro del absurdo, con escenas como las de la anciana que sale a buscar un taxi a las calles destruidas de Arnhem en pleno tiroteo…

Es eso lo que le otorga a Un puente lejano un lugar muy especial y destacado dentro de las reconstrucciones de batallas practicadas como subgénero dentro del género bélico.

En ese sentido es esencial el tono que le da a toda la película la música compuesta por John Addison, que además combatió en el Treinta Cuerpo de Ejército durante la propia Operación Market Garden, lo que aporta la mirada y el tono emotivo de un superviviente de lo que se cuenta.

2 comentarios:

Pablo Perez dijo...

Sin dudarlo, la mejor pelicula belica de la historia. Aun me acuerdo cuando me la recomendo mi vecino, profesor de historia de la universidad. Estuve toda la semana pensando en ese plano del final con el medico y los niños en las cruzes. Y esa musica, aun resuena la flauta travesera por mi cabeza jeje

Miguel Juan Payán dijo...

Hombre, yo creo que es la mejor en el género de recosntrucción de batallas, eso está claro. Y estaría entre lo mejorcito que se ha hecho sobre la segunda guerra mundial. Luego ya hablando del cine bélico en general, creo que la mejor de todos los tiempos sigue siendo Apocalypse Now.