sábado, 30 de abril de 2011

PRIMEVAL (COCODRILO, UN ASESINO EN SERIE), de Michael Katleman

Llevaba tiempo queriendo ver esta película, cuyo título original es Primeval, pero que en España la han titulado Cocodrilo, un asesino en serie.
Y me llevé una grata sorpresa. Es sin duda la mejor película de cocodrilos que se ha rodado (y no lo digo en plan de coña, como cuando James Cameron asegura que Piraña 2: los vampiros del mar, es la mejor película de pirañas voladoras que se ha rodado nunca). Y mira que hay películas sobre las peripecias depredadoras de estos bichos. Pues bien, esta es la mejor, sin discusión.
¿Por qué? Fácil: su clave es fabricar un buen cóctel argumental mezclando elementos de distintos géneros para no quedarse solo en la fábula de rebelión de la naturaleza, tipo Tiburón, o supervivencia, tipo cine de catástrofes. Tiene elementos en abundancia de ambas cosas, pero sabe adornarlos con una trama que incorpora elementos del cine de aventuras, terror y una imagen de África torturada por las guerras civiles y las matanzas en los enfrentamientos de Tutsis y Utus que sirve como eficaz complemento y elemento de verosimilitud a todo el conjunto, por otra parte inspirado en hechos reales. Así se aleja de ser otra versión de Tiburón cambiando de bicho, aunque en ningún momento pierde el contacto con la película de Spielberg. De hecho es curioso ver cómo trata los elementos que toma prestados de la misma a título de guiño más que de depredación clonadora, que se lo que suelen hacer la mayor parte de las películas que siguen esa línea.
En Cocodrilo: un asesino en serie, encontramos el típico duelo entre el naturalista que quiere cazar al bicho, el temible y gigantesco Gustav, y el cazador –aquí furtivo- que simplemente quiere cepillárselo aunque sea a base de granadas de mano. Hay también una jaula con anzuelo vivo dentro pateando y gritando en pleno ataque, e incluso uno de los personajes, el cámara interpretado por Orlando Jones, afirma: “¿Es que no habéis visto Tiburón? Pues deberíais verla”. Y por supuesto tenemos la cámara subjetiva para incorporar el equivalente de narración en primera persona de la literatura y ponernos a mirar algunos momentos desde los ojos del monstruo, pero sin abusar, y al contrario que la película de Spielberg, no “músicodependiente” (recuerden la música compuesta para los ataques del escualo por John Williams…).
Pero además, la película tiene otras cosas, que no le restan protagonismo a la caza del bicho propiamente dicha, pero al añadir elementos del cine de aventuras, equilibran el conjunto y hacen la película más interesante, porque no se agota en la fórmula de “bichopsychokiller”, a pesar del título que le han enchufado en la versión española.
Desde ese punto de vista, creo que funciona bastante mejor que otra película bastante similar en muchos de sus elementos, igualmente basada en dos depredadores reales, aquellos leones, Los demonios de la noche. El gancho que le fallaba a aquella –que me gusta pero a título personal y como adicto a las película de bichos comiéndose al personal, pero reconozco que flojea, especialmente después de ver ésta otra- a Cocodrilo… le sobra. Tiene de todo: persecuciones, tiroteos, cuatro por cuatro lanzados a la carrera estrellándose contra árboles, ejecuciones salvajes con decapitación incluida, y muestra una especial habilidad para cerrar sus secuencias de acción de manera particularmente brutal.
Vamos que no te aburres ni tiene cambios de ritmo, mantiene bien su intriga, despacha a sus protagonistas de forma razonablemente eficaz, y aunque le sobra la gilipollez final del perro que ha de ser rescatado, las bromitas un tanto forzadas y no menos gilipollas del personaje de Orlando Jones, inevitable payaso de la función, y la “confesión” del personaje del cazador, no obstante eficazmente interpretado por Jurgen Prochnow, que atufa a “momento premortem”, la película es una maquinaria de entretenimiento de primer orden con las escenas de ataque del cocodrilo muy trepidantes. El director, Michael Katleman, viene de la televisión y se le nota el oficio, además del estilo de narración de pequeña pantalla aplicado al cine. Eso también hace que la película sea interesante en cuanto a su manera de resolver el tratamiento de un protagonismo coral con varios personajes con un cierto aire de documental y las maneras de planificar algunas escenas, además del cuidado en el ritmo de la narración.
Me hubiera gustado verla en pantalla grande para confirmar si sus exagerados movimientos de cámara en algunas escenas son tan molestos como en pantalla pequeña, pero en todo caso, confieso que me dejé llevar por el morbo y repetí todas las escenas de ataque del bicho en cámara lenta, para verlas mejor. En su velocidad normal, algunas no se ven bien, como la del ataque a la tienda de campaña. Sin embargo otras, como las del ataque a la jaula, se ven perfectamente.
Y por supuesto después de ver la película te entran ganas de meterte en internet y explorar qué ha pasado con el bicho. Y te enteras de que efectivamente es toda una leyenda en la zona del río Rusizi, que se le calculan unos 60 años de edad y 6 metros y pico de largo, y que lleva ya más de 200 víctimas…

Si alguien quiere saber más sobre el asunto puede mirárselo en la página web de National Geographic, http://adventure.nationalgeographic.com/2005/03/gustave-crocodile/michael-mcrae-text, y en todo caso hay toda una colección de vídeos sobre el asunto en youtube, basta con pinchar Gustave Giant African Crocodile Caught en el Google y te sale incluso el vídeo de la captura.

Un bicharraco temible, como dice alguien, ¡el Chuck Norris de los cocodrilos!

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