sábado, 2 de abril de 2011

MÁTALOS Y VUELVE, de Enzo G. Castellari

Ayer, después de salir de un pase de prensa, charleta con el amigo Juan Luis segundo desayuno con el amigo Usero en la Puerta del Sol, rebuscamiento de chollos en DVD o videojuegos en varios comederos y bebederos de ocio de la zona, segunda libación a base de dos cervezas y dos cocacolas en el tugurio de referencia escondido en una calleja que desemboca en Gran Vía, estrujamiento en la línea 1 de metro y desembocando en otro comedero de ocio de la zona de Atocha, voy y me tropiezo con una película que llevaba buscando bastante tiempo: Mátalos y vuelve.

Un eurowestern o western mediterráneo si lo prefieren, dirigido por Enzo G. Castellari en 1968 y que yo había perseguido desde hacía años por algo tan poco profesional como que tenía de protagonista a uno de los iconos de mi infancia como televidente, Chuck Connors, alias El hombre del rifle. Había visto algunos fragmentos en un documental sobre las películas del oeste rodadas en Europa titulado Western Italian Style, que dirigió Patrick Morin y narraba Frank Wolff, norteamericano afincado en Europa que ejerce en ésta película como co-protagonista.

En ese documental Connors hacía alguna declaraciones en las que afirmaba que el eurowestern le tenía impresionado, más o menos, por la contundencia y la violencia de sus secuencias de acción, porque exageraba esa violencia frente a las películas del oeste rodadas en Estados Unidos.

Lógico. El hombre debió alucinar un tanto con el tratamiento que le daban en Europa a los temas clásicos del lejano y salvaje oeste, o incluso en este caso a la guerra de los estados del norte contra los estados del sur.

El otro motivo por el que andaba detrás de este título era que aparecía en el mismo otro icono a perseguir desde mi infancia como friki aficionado a las películas de este tipo, Leo Anchóriz, al que le seguía la pista desde que le vi en Siete pistolas para los McGregor (1966) interpretando a Santillana. Anchóriz había nacido en Almería en 1932, así que casi estaba predestinado a convertirse en uno de los rostros españoles más habituales en este tipo de coproducciones entre Italia y España (caso de la que nos ocupa). Falleció en febrero de 1987 en Madrid.

En todo caso, cualquiera de estos motivos más o menos frikis y de coleccionista del asunto pasaron a segundo plano cuando empecé a ver la película, que es en mi opinión una de las mejores en su género, un ejemplo de que además Enzo G. Castellari era un buen director, con una habilidad para sacar petróleo visual a base de puesta en escena desde los argumentos más simples y tópicos que podamos imaginar.

Quentin Tarantino supo advertir el asunto cuando le homenajeó y tomó prestado el argumento de Aquel maldito tren blindado para rodar Malditos bastardos, que no obstante, como el propio Castellari afirmó, es una película muy distinta al original italiano. El caso es que sin embargo, esta producción bélica, posterior al western que nos ocupa, tiene muchos puntos en común con Mátalos y vuelve.

Ambas tienen un argumento simple, poco más que un boceto de historia, muy sencillo y sin alardes narrativos de ningún tipo, funcional para que pueda aplicarse sobre el mismo la capacidad del director para coreografiar espectaculares secuencias de intercambio de puñetazos, tiroteos a discreción, exageraciones varias… Es una forma de abordar el cine de acción especialmente interesante en nuestros días, dado lo que estamos viendo en la pantalla últimamente: acción pura y dura, con poco argumento y desarrollo de personajes que son poco más que bocetos. No me extraña que a Tarantino le llamara la atención el trabajo de este excelente director de géneros y vehículos de acción en el cine europeo de los sesenta y setenta.

Castellari consigue cabalgar cómodamente sobre el tópico cocinando una especie de mezcla entre Doce del patíbulo y Los siete magníficos, cuyos protagonistas son, todos ellos, gentuza de la peor especie, antecedentes claros de los Reservoir Dogs de Tarantino.

Casi no hay guión más allá de la presentación de los personajes principales, pero la dirección de fotografía del madrileño Alejandro Ulloa, uno de los grandes veteranos de esa área en el cine español, particularmente significativo no sólo en las películas producidas en España sino también en el territorio de las coproducciones, consigue algunos momentos partiucularmente logrados e inquietantes, como el enfrentamiento en la cárcel y entre las sombras, con un juego de primeros planos, de parte de la cuadrilla de protagonistas con su colega Bogard, interpretado por el forzudo Hércules Cortés. O el posterior reencuentro del resto de la banda con el jefe de la misma, interpretado por Connors, también en la cárcel.

Hay mucho buen cine con planteamiento de puesta en escena muy currado en esta película, cuyos logros visuales consiguen sobreponerse a sus limitaciones narrativas y argumentales, por otra parte perfectamente voluntarias. Castellari es consciente de lo que busca el público de la época en este tipo de producciones y no se anda por las ramas. Da acción a raudales, personajes de presentación sencilla y contundente, sin gran arco de desarrollo, pero también sin maniqueísmos baratos. Aquí todos son unos malditos bastardos, van a por la pasta, se traicionan entre ellos, y mueren en algunas ocasiones de una forma muy original (como ejemplo, el segundo vídeo, que es muestra de todo lo explicado, como el primero, pero además da la campanada en lo que a muertes en el cine se refiere, nunca mejor dicho).

De manera que muy entretenido y recomen dable eurowestern para cualquiera y un título imprescindible para quienes somos adictos al género.

video


video

1 comentario:

Kill James Cameron dijo...

Jojojo que bueno!

El Chuck Connors, menuda pieza. Se las marca de capellan-zapador en un engendro chulisimo que se llama "La Quebrada del Diablo". Esa si que creo que no la han ni editado en dvd ni nada parecido