jueves, 28 de abril de 2011

MANIAC COP 3, de William Lustig

Decidido a recuperar las películas de mazmorra para el blog, rebusqué en los montones de uno de mis bebederos habituales y me tropecé con Maniac Cop 3, una entretenida secuela de las peripecias del policía maníaco escrita por Larry Cohen con William Lustig como director y el pétreo Robert Davi, el rotundo Robert Z´Dar y el escurridizo Jackie Earle Haley como protagonistas.

Resucitado a base de vudú, medio zombi medio psychokiller, el poli maldito y pirado Matt Cordell regresa de la tumba para montarse su propia versión de La novia de Frankenstein y buscarse un ligue. Mientras “caradepiedra” Davi intenta jalarse un rosco y ligar con una doctora minifaldera y Jackie, sí, el Rorschach de Watchmen, atraca farmacias y la lía parda en el hospital a tiro limpio y con una frase de diálogo memorable que nos deja claro que Cohen se lo toma todo medio en coña y medio en coña, a saber:

Jackie: Me he cargado a mi abogada

Coleguita: Puedes conseguirte otra. Son gratis.

Se lo pasan bomba Lustig y Cohen mezclando la película de polis más tópica que te puedas echar a los morros con el terror gamberro, repartiendo guiños aquí y allá y demostrándonos lo que ya nos enseñó Andrés Pajares en Yo hice a Roque III: que pase lo que pase, mejor no intentes echar el casquete en una ambulancia.

Dicho sea de paso, curro brutal y alucinante el que se hacen estos tíos con el fuego en las escenas finales. Cachondeo al margen: una pirada de pinza importante y jugándose el pellejo a fondo.

Y, bueno, además, el poli maníaco nos enseña cómo competir en el tiro al tonto volador, que tampoco es mala cosa tal como está el patio.



1 comentario:

Yerman dijo...

Me encanta ésta trilogía. Para mi es memorable la escena de la segunda parte en la que el poli maníaco esposa a la chica al volante del coche dejandola por fuera, suelta el freno de mano, y voilá! a correr calle abajo encaramada a la puerta cual spiderman mientras intenta colarse y hacerse con el control del coche. un curioso trabajo de especialistas, desde luego