miércoles, 20 de abril de 2011

FIGHTER IN THE WIND, de Yang Yunho

Producción coreana de 2004, Fighter in the Wind recrea para la pantalla la vida del creador en 1964 del Karate Kyokushinkaikan, Bae Dal, que a pesar de ser coreano tomó como ejemplo a Miyamoto Musashi, el mejor espadachín japonés y consiguió combatir en 200 peleas con los principales luchadores japoneses sin perder un solo combate.

Veinte millones de alumnos estudian el Kyokushin en todo el mundo, lo cual lógicamente convierte a este luchador en una de la principales figuras de las artes marciales. Pero además, el traslado de su peripecia vital a la pantalla es sin lugar a dudas una de las mejores películas de artes marciales. Y cuando digo mejores, me refiero a buena, una muy buena película, incluso al margen del cine de artes marciales.

Cuando empecé a verla me recordó inicialmente lo que había sentido viendo más joven, mucho más joven, Furia oriental, protagonizada por Bruce Lee, con la que tiene algunas coincidencias temáticas, pero pronto me di cuenta de que esta otra producción tiene valores que aquella otra, siendo una de las mejores películas de artes marciales, no tenía. Fighter in the Wind va más allá de los temas de venganza y mitificación por la retribución que maneja el cine de artes marciales clásico, y escapa de lo previsible constituyéndose en un sólido biopic que recorre la vida del protagonista aportando asuntos menos valorados en las historias de artes marciales más inclinadas al desarrollo de las escenas de acción.

Para empezar en este caso hay un equilibrio mayor de las secuencias de acción y la historia personal del héroe, el drama romántico con una geisha japonesa, o el intento de purgar su culpa por matar a un oponente ayudando a la viuda y el hijo de éste. Las escenas de subida a la montaña van en esa línea que le otorga una segunda naturaleza al relato que va mucho más allá de las artes marciales.

Además, la manera de abordar la figura del héroe, quizá por tratarse de un personaje muy conocido y de notable importancia en el mundo de las artes marciales, hacen que éste tenga mayor complejidad, profundizando en sus miedos, en esa obsesión por estar siempre limpio que le lleva a lavarse varias veces al día por si muere en un combate. Es su falibilidad, sus miedos, su vulnerabilidad, lo que lo acerca al público al mismo tiempo que lo aleja de los héroes de una pieza, imbatibles, del cine de artes marciales más convencional.

Pero junto a todo lo anterior, que deriva del contrastado hecho de que el cine coreano casi nunca se conforma simplemente con seguir la disciplina de los géneros y busca siempre dar otra vuelta de tuerca a la historia, aportarle algo más a la trama y los personajes, que es la mejor manera de darle algo más al público de lo que espera inicialmente, enriqueciendo el producto final, la película incluye algunas de las más impresionantes y demoledoras secuencias de acción que ha mostrado el cine en los últimos tiempos.

Trabajando desde una perspectiva que prescinde casi totalmente del cable, esto es, presentando los combates como acción real, Fighter in the Wind consigue unos resultados impresionantes de golpes contundentes que además muestran la reacción de los golpeados como extensión hacia el público. Se muestra la violencia y además las consecuencias de esa violencia. Hay 25 escenas de acción en el largometraje, cada una de ellas más impresionante que la anterior.

Lo curioso es que los artífices de la película temían que el público asiático rechazara Fighter in the Wind precisamente por esa decisión de prescindir del cable en las secuencias de combate, que a su modo de ver es arriesgarse a perder espectacularidad y carácter y fuerza en la pantalla.

Sin embargo, sospecho que en Occidente ocurre justo lo contrario. Cuando recibimos una de estas películas sin cable –o casi-, esto es, con lo que ellos denominan acción real en los combates, los aficionados al cine de artes marciales tendemos a sentirnos más satisfechos, o por lo menos el producto nos ofrece mayor interés y credibilidad. Sería algo parecido al frenómeno Ong Bak, o sus secuelas. Los cables se han generalizado, pero no son necesariamente más espectaculares. De hecho, tal como debatíamos el otro día en una de la clases del curso Grandes Directores, muchos espectadores occidentales desconectan de la película ante esos increíbles y a veces incluso excesivamente prolongados vuelos por la pantalla de películas como Tigre y dragón, Hero, La casa de las dagas voladoras… En dichos casos no cabe duda que el vuelo y los cables aportan un sustrato poético de belleza a las imágenes que encaja más con ese tipo de relato, pero quienes seguimos pensando con nostalgia que las artes marciales en el cine son aquellas películas de la Shaw Brothers de los años sesenta y setenta, o la breve pero contundente filmografía de Bruce Lee, el más grande astro del género, tendemos a mirar con simpatía la eliminación de los cables como opción en beneficio de un mayor realismo en la coreografía de las escenas de lucha.

En ese sentido, Fighter in the Wind es una gozada.

Y además una gran película. De las diez mejores de artes marciales de todos los tiempos, sin duda.

Ojo, merece la pena pillar la edición coleccionista en DVD, dos discos con extras que incluyen material muy curioso.

2 comentarios:

Mjolnir dijo...

Hola Miguel, soy un lector de la revista Acción y acabo de descubrir tu blog, una suerte por cierto, y en este apartado de Artes Marciales considero que hay mejores películas de Artes Marciales que las expuestas en esta lista, ya que no has considerado las diversas generaciones posteriores a Bruce Lee. ¿Qué hay de esos 80 en los que aparecieron clásicos como Bloodsport o Kickboxer?

Como amante del actor y artista marcial Van Damme, creo que su aportación en los años 90 hizo "sobrevivir" el cine de artes marciales en esa generación que poco atraía.

Saludos y gracias por las aportaciones en la revista Acción!

Miguel Juan Payán dijo...

Hombre, yo creo que en esto, como en cada cosa de la vida, cada uno tenemos nuestras preferencias, todas ellas igualmente respetables. Yo por ejemplo soy más aficionado a Steven "Quebrantahuesos" Seagal que a Van Damme, pero como ves tampoco he metido ninguna película suya. Y quizá no en cine, pero en artes marciales, Chuck Norris estaría antes que ellos dos. La labor de Van Damme fue importante en los noventa, sin duda, pero al tratarse de una lista con tan pocos títulos me he ido a lo que me parecía mejor en toooodo el recorrido del género desde su arranque hasta ahora. Y eso inevitablemente es el amo BRUCE y la imprescindible Shaw Brothers