lunes, 4 de abril de 2011

EL COMANDO DEL DRAGÓN, de Wang Yu

Wang Yu no era ciertamente el mejor luchador del cine de artes marciales, pero fue un pionero del asunto antes de que eclosionara el máximo astro de este tipo de producciones, el increíble y nunca suficientemente admirado Bruce Lee (vale, que sí, que soy un fanático seguidor del Pequeño Dragón desde que allá por mis doce primaveras me colé en una sesión para mayores de 18 años del desaparecido cine América y le vi repartiendo leña limonera en Furia oriental).
Dicho lo cual, no podía dejar pasar la oportunidad de traerme a casa para la colección de frikadas cinematográficas el DVD de El comando del dragón, que fue una de las películas más taquilleras del cine de artes marciales en los cines de sesión contínua de mi juventud.
Wang Yu la dirigió y protagonizó en 1974 con otros tres colegas, Kam Kong, Chang Yi y Cheng Sing.
Lo primero que hay que aclarar es que es un ejemplo mejor que muchos otros para dejar clara una característica de este tipo de películas: su cercanía al género western (ver por ejemplo el principio), e incluso al eurowestern o spaghetti western (como por ejemplo testimonian no sólo sus pintorescos personajes, como el luchador japonés que ejerce aquí como villano, rompiendo un abanido cada vez que se va a poner a repartir cera, sino las escenas de la fuga de la cárcel, que en vez de a Wang Yu bien podrían haber tenido como protagonista al Cuchillo interpretado por Tomás Milian en Corre, Cuchillo, corre).
El cine de artes marciales y las películas de eurowestern rodadas y estrenadas en los años sesenta y setenta no sólo fueron vecinos en la cartelera, sino que genéricamente tenían muchos puntos de contacto, y El comando del dragón es uno de los ejemplos más claros de ello.
Los bandidos que asaltan a los comerciantes, el juego de dados en la primera aparición de Wang Yu, sustituyendo al póquer, la risas en las escena de maltratato al héroe, las propias torturas y palizas que sufren los cuatro héroes de la trama, condición esencial y repetida en los spaghetti western con el maltrato del héroe...
Al final, y reparando en el tipo de programas dobles que nos tragábamos en aquel momento, llega uno a la conclusión de que estábamos menos colonizados por el cine de acción norteamericano que en la actualidad, porque nos echábamos a los ojos una más variada oferta de películas de explotación o comerciales de la que hoy en día llega hasta los cines. Piensen por ejemplo en el programa doble que me enchufé en la noche del pasado sábado: Django (co-producción italo-española) y ésta otra producción china. Era el tipo de combinaciones que hacían los cines de barrio en sus sesiones allá por los años setenta.
Hay algunas cosas particularmente propicias para el cachondeo en esta película, como los pájaros que acompañan en plan guardia de corps al villano de los abanicos, que llevan en la cabeza unos cestos de patatas gigantescos tapándoles la cara, vaya usted a saber por qué, o la manera en la que se fuga Wang Yu de la cárcel, arrancando un clavo de la pared con la boca, bricolage salvaje, podríamos decir, entre otras cosillas. Pero en todo caso, El comando del Dragón no está entre lo peor de Wang Yu, que además hay que decir que era un astro bastante taquillero en su momento y en los cines españoles, con aquellas películas de El luchador manco y El espadachín manco (sí, aquí la vimos justo al revés, cronológicamente hablando), consiguió convertirse en uno de los grandes protagonistas de las sesiones más friquis de los programas dobles.
En la edición española que sale en DVD a 9 euros con 95 ahora mismo, me encontré además con un trozo que nos había cortado la censura de la época en los cines, seguramente porque aparece un de los villanos retozando con una prostituta a la que se le ve un pecho y el resto de la acción transcurre en un burdel. En la copia actual está doblada y, claro, como cortaron aquello, luego tuvieron que cortar más adelante otra escena que era totalmente inofensiva pero aludía a lo ocurrido en la amputada previamente... Si a eso añadimos algunos momentos en que simplemente faltan imágenes, la copia que ahora circula no es del todo completa, pero mejora lo que conocíamos hasta el momento. Eso sí, curiosamente en el original toda la introducción con voz en off situándonos en el momento y las circunstancias en que transcurre la historia no está, es una aportación para hacerle más llevadero y meno lioso todo el argumento al público occidental, supongo.
El resultado es una película de mazmorra entretenida, esencial para los frikis coleccionistas de las de artes marciales como un servidor, y dotada además con el perfume nostálgico de esas sesiones de programa doble en las que nos colábamos con la ayuda de los porteros de los cines de la zona de Lavapiés, a los que nunca les estaré suficientemente agradecido por haberme dejado entrar a ver todo aquello que me apetecía sin pedirme el carnet de identidad.
Y ya digo que en algunas escenas incluso te ríes, mientras en otras hay algunos momentos buenos de artes marciales, con todo el conjunto funcionando moderadamente como película de aventuras.

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