jueves, 24 de marzo de 2011

SIN CONCIENCIA (THE ENFORCER, 1951), de Bretaigne Windust


Basándose en la organización creada por Louis Lepke Buchalter para perpetrar asesinatos por encargo para la mafia, Sin conciencia es una curiosa muestra de cine negro que con Bogart como protagonista toca distintas variantes de cine negro, pasando del relato de procedimiento de investigación policial al de crook story narrado desde el punto de vista de los delincuentes, y sirviendo además como pionera e inspiración para muchas series policíacas de la pequeña pantalla basadas en la encuesta y los interrogatorios de los implicados.

Sin conciencia puede permitirse hacer todo eso porque cuenta con un guión muy elaborado que le permite trabajar en distintos tiempos, con múltiples personajes, construyendo el relato sobre dos flashback que imponen el retorno del pasado en la fábula, tema esencial del cine negro.

La fórmula de construcción de la trama parte de la sencillez para ir zambulléndose en la complejidad. Un fiscal pierde a su testigo clave para condenar al jefe de una organización dedicada a perpetrar asesinatos por encargo, y desde ahí empieza a repasar las claves del caso para encontrar alguna otra pista a la que agarrarse.

El espectador sigue al fiscal, interpretado por Bogart, por esa compleja trama de alianzas criminales que va cambiando de protagonista en cada fase del relato. Nuevamente nos encontramos así en un esquema parecido al que ayer destacaba al comentar PTU en relación al protagonismo múltiple, y no tanto al protagonismo coral. Pero si en PTU todas las piezas humanas, o personajes, del relato, son igualmente importantes, lo cierto es que su protagonismo puntual se produce en el paisaje de una noche y en una ciudad, en tanto que en Sin conciencia, ese protagonismo se extiende a un periodo de tiempo más amplio, meses en los que se ha ido construyendo la telaraña de acontecimientos en la que finalmente quedan atrapados todos los personajes, cada uno de ellos con un momento de protagonismo en el más amplio arco temporal de la trama.

La manera de introducir esos retornos al pasado aplicada por el director francés Bretaigne Windust, quien había hecho carrera y ganado prestigio en el teatro antes de pasarse al cine, es sencilla, clásica, eficaz y muy moderada, apenas un ligero movimiento de cámara para acercarse al rostro de personaje que recuerda, y a partir de ahí, la introducción en el relato del pasado.No tiene grandes alardes visuales, es una aplicación de las normas y claves del cine clásico de Hollywood en los cincuenta, y muestra la pragmática funcionalidad de ese tipo de producciones para narrar con un estilo transparente, trabajando en todo caso la luz (ver la escena que he pillado del youtube) para incorporar los resortes estéticos del cine negro a la fotografía. Pero esa aplicación permite algún que otro guiño, como el momento en que el detenido expresa su miedo a que incluso pueda haber policías comprados por el grupo mafioso contra el que va a testificar para matarle, y se nos muestra la sombra del policía uniformado al otro lado de la puerta.

En cada uno de esos flashback, algunos visuales, otros meramente verbales, hay una historia que se podría haber contado por separado, con su presentación, nudo y desenlace.

Es además un ejemplo de cine que se nutre de las páginas de sucesos, una muestra de las relaciones íntimas que vinculan la actualidad con el cine negro, tan tocado siempre por el género documental.

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