miércoles, 23 de marzo de 2011

PTU (POLICE TACTIC UNIT), de Johnnie To


Johnnie To es el mejor director de cine policiaco de Hong Kong. Mejor que John Woo y que Ringo Lam si valoramos el conjunto de su carrera. A Woo se le atragantó en general la carrera americana, y otro tanto puede decirse de Lam. To se ha mantenido en la industria asiática hasta el momento y cuenta en su filmografía con joyas incuestionables del género criminal como las dos partes de Running out of Time, Full Time Killer, Breaking News, las dos entregas de Election, Exiled y Venganza, además de la película que hoy comento aquí PTU.

PTU es ante todo un blues con la ciudad, la noche y el neón como principales protagonistas. Luego, claro está, también hay por allí gente, policías y criminales principalmente. Un policía y sus colegas buscando el arma que ha perdido un compañero. Otros policías buscando culpar a sus colegas de algo. Finalmente, unos pandilleros en guerra salvaje y empeñados en la venganza.

Un puzzle que queda marcado por la música del principio, que acompaña a los agentes de la unidad táctica protagonista cuando bajan del camión y empiezan a dispersarse por las calles.

Algunos golpes de humor, que en realidad son apuntes de lo trágicamente patético que puede llegar a parecer el ser humano, y la fragilidad de sus motivos, decisiones y acciones, su incapacidad para lograr aquello que se propone, salpican todo el argumento. Es así desde el momento en que el sargento Lo pierde su arma de la manera más imbécil, resbalando en el suelo y cayendo presa de los criminales que persigue. No destripo nada, ese es únicamente el principio de la que va a ser una larga noche a la caza y captura de esa arma perdida, un recurso argumental al que el propio Akira Kurosawa le sacó ya gran provecho en uno de sus títulos más clásicos y conseguidos, auténtica zambullida en el cine negro del maestro de las películas de samuráis: El perro rabioso (1949), imprescindible para todo buen aficionado a la temática criminal.

La persecución de Lo antes de caer tras el criminal, ambos parándose, agotados, para poder respirar, marca la pauta de lo que va a ser el ritmo de la película en el resto del argumento. Un ritmo interrumpido con acelerones y frenazos, tocado por la magia de la intermitencia en los momentos más insospechados.

No hay más que pensar en las conversaciones telefónicas, el enredo de los teléfonos móviles, y otros muchos momentos que nos hacen la peripecia mucho más cercana.

To maneja un amplio abanico de posibilidades y géneros que llega incluso a manifestar algunos ecos del western en la formad de filmar algunas escenas (ver vídeo), y es precisamente esa variedad de recursos la que mejor se ajusta a la variada colección de protagonistas con que cuenta la película. Aquí no hablamos de protagonismo coral, sino más bien de protagonismo múltiple, porque es en la multiplicación de personajes y situaciones donde To, como suele ser habitual en su filmografía, encuentra el mejor camino para contarnos una historia que va ganando en tensión y variedad de posibilidades, situaciones y emociones, a medida que avanza hacia el inevitable encuentro final de todos los implicados en una especie de nudo gordiano de violencia que estalla en un tiroteo final. Ninguna pieza es más importante que las otras. El guión se desarrolla por tanto en varios caminos paralelos que incluyen algunos momentos ciertamente curiosos, muchos de ellos por la utilización de la música, que juega contra pronóstico. Por ejemplo en el registro a la casa, donde manda esa especie de choque entre las emociones que puede hacernos llegar la composición musical y el momento de intriga y suspense que nos presentan las imágenes.

Ese concepto de puzzle encuentra su despliegue definitivo en ese tiroteo que recuerda a Peckimpah en la cámara lenta aplicada a los traficantes de droga, complementada con otro tratamiento diferente aplicado a los dos jefes mafiosos que se enfrentan y a la aplicación de otras claves al resto de intercambio de disparos, que viene a ser como un mexican stand up de los que tanto le gustan a Tarantino pero a lo grande.

Y reforzando la idea del western, ese tiroteo estalla como una especie de duelo, iniciándose con las miradas del policía de la PTU que va a parar al iniciador de toda la trama, Lo.

Después se desencadena el infierno.

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