martes, 15 de febrero de 2011

VÍCTIMAS DEL TERRORISMO, de Edward Dmytryk

Autor de un libro esencial sobre la dirección cinematográfica, Edward Dmytryk fue además el director de unas cuantas películas de nervuda naturaleza en las que enjaulaba los valores patrióticos estadounidenses junto con un estilo propenso a la crispación pero visualmente eficaz y notablemente entretenido.
Iniciado en el cine como montador en una etapa en la que el encargado de la edición trabajaba estrechamente con el director durante el rodaje, en lugar de estar confinado en la sala de montaje, empezó rodando películas de bajo presupuesto en Paramount y Columbia antes de comenzar a destacar como realizador en 1942 en el seno de la productora RKO con la película Hitler´s Children.
Tras una fillmografía en la que no dejó de tocar todos los géneros que le salían al paso en películas como Historia de un detective, La patrulla del coronel Jackson, Encrucijada de odios, El motín del Caine, Lanza rota, El baile de los malditos, El hombre de las pistolas de oro o Álvarez Kelly, acabó dirigiendo películas de menor entidad que sin embargo tienen la rara cualidad de ganarme como espectador aún cuando estoy convencido de que no son buenas ni se acercan a lo mejor de su director.
Me pasó con Shalako, un western forjado por extraños compañeros de viaje en lo referido a su coproducción -Reino Unido y Alemania Occidental, cuando el muro de Berlín todavía era eso, un muro...-, y habitado por un reparto tan improbable para eso de caminar por la pradera como Sean Connery, imagino que en aquel momento a la caza y captura de la mínima posibildad de sacarse de encima el fantasma de 007, y Brigitte Bardot, además de un Stephen Boyd al que no le dejaban olvidarse de que quiso pasarle por encima la cuadriga a Charlton Heston en Ben-Hur cuando ejercía de Mesala y un Jack Hawkins que tenía cara de seguir buscando la manera de mandar a hacer puñetas el puente sobre el Río Kwai.
A Dmytryk le salió una de indios más rara que un perro colorao, pero entretenida, hipnótica desde su limitación como fábula poco original de aquí te pilllo, aquí te la cuelo y te meto una flecha como en el occipucio a nada que te descuides.
Y volvió a pasarme lo mismo anoche viendo Víctimas del terrorismo. Una coproducción entre Reino Unido e Italia que me compré el sábado por un euro. La protagoniza George Kennedy intentando disimular los kilos de más que le definieron incluso cuando alcanzó el estrellato interpretando el papel del policía Bumper Morgan en la serie El caballero azul, un personaje que previamente había encarnado en la película del mismo título alguien tan distinto a él como William Holden, ambos siguiéndole los pasos a la creación para la novela de del ex-policía y maestro inspirador de James Ellroy Joseph Wambaugh.
En Víctimas del terrorismo Kennedy viene a ser una especie de Charles Bronson más humano y más grandote, dispuesto a vengar la muerte de su familia a manos de una pandilla de asesinos en los que Dmytryk materializó el miedo al terrorismo árabe en la década de los setenta a la sombra de los acontecimientos históricos de aquella época, lo que convierte esta modesta película en una buena pieza de estudio sobre cómo ha cambiado ese miedo analizando su representación en la pantalla, reflejo de cómo ha mutado el propio fenómeno terrorista.
Floja de argumento, sin mucho que ofrecer en lo referido a sorpresa o acción, la película es sin embargo un ejercicio de solvencia narrativa, y es en ese planteamiento donde sale a flote la astucia de Dmytryk, primero para fichar los actores más adecuados para dar vida a personajes episódicos pero esenciales como apoyos del protagonista, como son el inmenso Raf Vallone y el no menos eficaz John Mills, que forman con Barry Sullivan un trío de lujo para guardarle las espaldas interpretativamente hablando a Kennedy.
Si a eso añadimos la música compuesta por Ennio Morricone y las calles de Nápoles que sirven como telón de fondo para esta modesta última entrada en la filmografía del realizador que se despidió con este trabajo en 1975, el resultado es una extraña sensación de que no hemos visto nada nuevo, ni nada bueno, pero sí hemos visto un trabajo de narración muy competente.
Era esa la clave de los veteranos del Hollywood clásico: sabían contar incluso cuando no tuvieran nada nuevo que contar. Sabían vender una historia con pocos mimbres, con el presupuesto imprescindible, con los planos esenciales, y en el menor tiempo posible. Y les salían a veces joyas, y otras simplemente películas como ésta: entretenimientos competentes.
Una mención muy especial merece el trabajo con ordenadores en esta película, que nos habla de lo mucho que hemos cambiado en un plazo de tiempo relativamente corto.
O quizá sólo es que, como se trata de mi propia vida, me lo he pasado suficientemente bien como para que me haya parecido poco tiempo.
Sea como fuere, los ordenadores que nos muestra la película son vistos hoy pieza de coleccionista y recuerdo antropológico de los primeros tiempos de la informática. Añaden toque de retroexotismo a esta peripecia de acción que tiene el pedigrí de haber salido de las manos de uno los veteranos más sólidos entre los artesanos del Hollywood clásico.

3 comentarios:

Kill James Cameron dijo...

El Dmytryk era el amo. Y sobre todo en su ultima etapa, o se le colaban cada vez mas la evidencia de sus mensajes o es que es tio estaba hasta la polla de tener que "ocultarlos". Me cago en la jodida lista negra de McCarthy. Aunque chula, por ejemplo, la Batalla de Anzio, no ofrece mucho mas mas alla de su cabron mensaje: "Al hombre le gusta matar", que no es poco. Pero creo recordar que tiene una, no igual muy lograda forma, pero que tiene su aquel... La Gata Negra en la que Laurance Harvey es un texano que viaja a Nueva Orleans en busca de su prometida o algo asi (Capucine la interpretaba, como para no ir a por ella), acabando trabajando en el bar que regenta Anne Baxter (casi nada tampoco) y que no se puede quitar de encima a Jane Fonda, que lleva un calenton con el como pa cogerle y hacerle todo un hombre. Casi na. Lo mejor es cuando encuentra a su niña en en un burdel convertida en amante de una madame lesbiana, que no es otra que Barbara Stanwyck. Y esto es el principio de la peli. Para mi un tio que graba esto alla por cuando lo grabo el, es un tio con un par de huevos.

Y el Baile de los Malditos es lo mas!!!

Kill James Cameron dijo...

Ademas creo que mi vieja se ha visto el coñazo ese de "El Arbol de la Vida" como 100 veces. Eso si, la pelicula no vale mucho, pero sale Lee Marvin

Miguel Juan Payán dijo...

Aplaudo tu conocimiento de la materia, Kill, no es coña. Sabes que no es muy habitual en el personal de tu quinta.
La de Anzio es una de mis favoritas. No es buena, pero me ganó con esa historia del periodista que tira de metralleta si se tercia y se lía a pegar tiros mandando a tomar por culo la objetividad.
No es muy profesional, pero yo a ciertos sitios no iría a ejercer el oficio sin llevar pipa, y no de la de fumar.