sábado, 26 de febrero de 2011

HUIDA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS, O POR QUÉ TIM BURTON SE PEGÓ EL RESBALÓN CON SU PLANETA DE LOS MICOS

Ayer estuve viendo Huida del planeta de los simios, y me aclaró unas cuantas dudas de cómo pudo caer Tim Burton en el resbalón de su versión de El planeta de los simios. Dirigida por Don Taylor en 1971, Huida puede parecer a primera vista, y de hecho lo es, un producto de explotación del éxito de las dos entregas anteriores, así pues oportunista. Otros podrían considerarla como un título menor dentro de la ciencia ficción. Pero en realidad tiene más tela que cortar de la que puede parecer a primera vista. Por un lado tuvo las agallas y al mismo tiempo la astucia de apartarse del paisaje de las dos películas anteriores y darle un giro a la saga encaminándola a la corriente argumental que iba a explotar en las dos siguientes. Desde ese punto de vista, es más interesante de explorar de lo que podría pensarse en principio. Podría considerarse que es una película menor, o que con su llegada de los simionautas a la Tierra y su construcción de comedia dramática es una propuesta menor frente a las dos anteriores, pero sería un error.

Su arranque en clave de comedia está bastante conseguido y el carácter tirando a psicodélico de su planteamiento queda oportunamente reforzado por la música. Luego entramos en un juego de autoparodia de las dos entregas anteriores muy saludable para la saga y también para hacer un paréntesis en la misma, que es lo que realmente es esta película en su primera parte. Llegados al punto medio del relato, tenían dos caminos: o tiraban por el tema de los juguetes rotos, el precio de la popularidad y la fama de los simios, y el rechazo posterior , o bien argumentaban sentando las bases para lo que había de venir posteriormente, esto es: toda la trama que explica cómo los simios acabaron por dominar el planeta Tierra y a la especie humana. Tiraron por el segundo camino, pero sin dejar de dar algunas pinceladas sobre el primer asunto.

El resultado es una tragicomedia, que en su principio me recordó algunos momentos especialmente satíricos de Marte ataca de Tim Burton. Y en su segunda parte alcanza tintes ciertamente tenebrosos que remiten no sólo al pasado reciente de los Estados Unidos, con la comisión presidencial interrogando a los simios, y el posterior paso por el interrogatorio de la CIA, pentotal sódico incluido, que son ecos tanto de la etapa de Caza de Brujas de McCarthy como de los argumentos propios del cine de espionaje de la Guerra Fría, y adquiere tintes ciertamente siniestros.

Además, está la explicación de la regresión infinita, que explica el viaje en el tiempo con el ejemplo del artista que pinta un cuadro de un artista que pinta un cuadro, y así hasta el infinito.

Así que, como he dicho antes, quedé convencido de que en realidad Tim Burton fracasó en su remake de El planeta de los simios porque dada su natural inclinación por convertir a los monstruos en protagonistas (no en vano su versión de Batman tendría que haberse titulado Joker) tendría que haber comenzado por adaptar al cine esta tercera entrega, en la que los simionautas son los protagonistas, antes de meterse en el huerto de intentar trabajar en una versión de la primera entrega. Si Burton hubiera hecho el remake de Huida del planeta de los simios, habría conseguido mejores resultados, y quizá ahora estaríamos hablando de uno de los mejores logros de su filmografía.

Por otro lado, Huida del planeta de los simios es en mi opinión un pequeño clásico de la ciencia ficción que en muchos aspectos es más interesante que su precedente, Regreso al planeta de los simios, que fue en su mayor parte simple e innecesaria prolongación de la primera película de la serie.

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