jueves, 20 de enero de 2011

LA GUARIDA DEL GUSANO BLANCO, de Ken Russell

En 1988, cuando nadie había osado todavía ni siquiera pensar que pudiera afirmarse que la saga Crepúsculo es una reinvención de la temática vampírica, el chispeante y descontrolado Ken Russell no dudó en zambullirse en esa piscina de la renovación del terrorífico mito del chupasangre y se sacó de la chistera una ejemplar versión de una novela del padre literario de Drácula, Bram Stoker, titulada La guarida del gusano blanco.

En la misma Russell, que cuenta en su haber con una buena colección de provocadoras películas entre las que además de la que aquí comento destacan especialmente títulos como Los demonios, El mesías salvaje, Tommy, Lisztomanía, Valentino, Un viaje alucinante al fondo de la mente, La pasión de China Blue, Aria… y que ya había dado su particular versión del nacimiento literario de otro personaje clásico del terror, Frankenstein, en su película Gothic, puso en bandeja lo que en buena ley no podemos considerar sino como una ácida y excelente comedia de terror.

Tomándose a cachondeo las claves del género de terror exhibidas por la campeona entre las productoras británicas dedicadas al género, Hammer Films, y haciendo hincapié, como no podía ser menos tratándose de Russell, en los aspectos más provocativos y sexuales de las mismas, el director se pasó por la piedra con gran talento la esencia del vampirismo, reciclándolo en una exótica mezcla de relato fantástico con algunos momentos psicodélicos en los que atizaba una de sus tradicionales bofetadas de provocación al espectador. En los mismos asistimos a una violación masiva de vírgenes perpetrada por los soldados del imperio romano, mezclada con el enfrentamiento de Cristo con el mal encarnado en la servidora de un dios gusano digno de las fábulas terroríficas de H.P. Lovecraft, pero que en realidad formaba parte de la imaginación de Bram Stoker, todo ello adornado con una pródiga exhibición de falos.

Sería un error rasgarse las vestiduras y caer presas de un ataque de puritanismo al ver la colección de órdagos visuales que nos lanza el director, principalmente porque él mismo se ocupa de darnos la clave de sátira que preside todo el largometraje con la fiesta del baile del gusano, por no hablar de la conversación del policía con su compañero. Es precisamente esa clave de humor con algunos icónicos toques de terror (la vampiresa desnudando sus dientes), convenientemente retocados para la ocasión (la vampiresa es más ofidio que vampiro, y en lugar de morder yugulares prefiere morder glandes), la que hace de La guarida del gusano blanco una comedia de terror que ha resistido mejor el tiempo que, por ejemplo, Un hombre lobo americano en Londres. Además, el de Russell es humor británico, y eso se nota. Tiene un doble sentido que está lejos de la autocomplacencia de las producciones estadounidenses pensadas para la explotación comercial, por buenas que sean, como es el caso de la citada película de John Landis. Russell no se corta un pelo en bucear por los lugares más oscuros de sus historias, y como casi siempre ocurre en su cine, los convierte en una especie de feria visual repleta de imágenes impactantes, colorines, luces, y perturbadores collages propios de un iconoclasta feroz.

Esa ferocidad es en realidad un disfraz para la broma, el juego con el espectador a base de descolocarnos y manipularnos tal y como la vampiresa interpretada por Amanda Donohoe, que comprensiblemente se convirtió en una especie de sex-symbol de aquellos momentos, juega con todos los personajes de este relato, ejerciendo como sacerdotisa del culto al gran gusano blanco, algo que queda especialmente claro en la rijosa escenita del sueño del noble encarnado por Hugh Grant, una especie de reciclado del mítico San Jorge, matador de dragones, que sucumbe a los encantos de Donohoe y Catherine Oxenberg, convenientemente disfrazadas de azafatas, en un pasaje onírico que se cachondea al mismo tiempo de Freud, su interpretación de los sueños y el surrealismo en general, abordando la asociación de sexo y horror con una coña limonera que materializa en un lápiz en erección...

Y del final que tanto recuerda el "Nadie es perfecto" con el que Billy Wilder terminaba Con faldas y a lo loco ya mejor ni hablamos...

Lo dicho: una de las sátiras más divertidas del cine de vampiros y del terror en general.

Si no te gusta Crepúsculo, ésta es tu película. Y si te gusta, mejor que veas La guarida del gusano blanco, a ver si espabilas de una puñetera vez.

Una película gamberra al estilo inglés.


4 comentarios:

Hukog dijo...

He visto pelis porno con menos aire de peli porno que esta peli no porno. Seguro que el dire de foto venía del género de cine...Disney.

Andres Pons dijo...

Me encanta este filme amigo payan, es de mis favoritas de Ken Russell. Aunque tambien me gustan mucho The Thevils, Viaje al fondo de la mente o Ghothic y aquella deliciosa locura con Perkins parodiandose a si mismo, La pasión de china blue. Grande el amigo Ken.

Hukog dijo...

Ya ves si era grande el Ken. Para terminar zumbándose a Barbie hay que serlo.

Miguel Juan Payán dijo...

Bueno, Hukog, como nos enseña la historia, siendo menos grande que Ken pero teniendo la cartera más grande se puede conseguir lo mismo.
El vil metal, amigo, el vil metal...