jueves, 23 de diciembre de 2010

FELICES FIESTAS: EL OPTIMISMO DESESPERADO DEL JUEZ DREDD


Siempre que llegan estas fechas empiezo a darle vueltas al coco intentando solventar la papeleta de felicitarle las fiestas al personal que se pasa por el blog sin caer en la trampa de los tópicos. Ya saben: las pelotas de colorines, las lucecillas de burdel en miniatura o el tipo gordo ese vestido de rojo chillón que tiene pinta de no pasar un control de alcoholemia de la Guardia Civil por mucho que diga que los renos de su trineo se conducen solos. Lo cierto es que al final siempre acabo dando con la solución por casualidad: el destino o como lo quieran llamar hace de las suyas y me pone juntas las piezas del puzzle.

Este año concretamente la primera pieza la encontré ayer a última hora de la tarde después de hablar por teléfono con un amigo de este blog que está pasando por un momento bastante puñetero y cuyo nombre por supuesto me voy a reservar, aunque quiero que sepa que le dedico muy especialmente todo lo que escribiré a continuación y las dos ilustraciones que posteo como acompañamiento.

Sin intención de animarle, porque en ese tipo de cuestiones los ánimos de los demás te la pueden sudar por tiempos, dado que ven los toros desde la barrera y no están en la plaza viendo embestir al morlaco en cuestión, intenté recordarle que la mala leche y el cabreo son a veces buenos bálsamos para hacer frente a determinadas situaciones que nos regalan los prójimos y prójimas sin que a nuestro entender hayamos hecho oposiciones a ser víctimas de la putada.

No pasa nada por agarrarse un mosqueo monumental. No tenemos que ser siempre tipos controlados, estoicos iconos políticamente correctos de exquisita urbanidad inclinados antes a preguntarnos qué habremos hecho mal para merecer esto en lugar de ir pensando en cómo puede haber tanto hijo de puta suelto por el mundo.

No tenemos que ser monásticos ejemplos de autocontrol y autoexamen, ni vamos a convertirnos en monstruos por reaccionar con un par de voces y unos cuantos tacos a una situación que nos jode.

Somos seres humanos, no un adorno metrosexual de anuncio de yogures.

Y cabrearse ayuda. Entiendo que esto no suene a mensaje navideño, pero como no vendo turrones ni lotería me puedo permitir el lujo de hablar claro también en estas fechas: recomiendo el cabreo como terapia para pasar los malos tragos antes que las lamentaciones por la leche derramada.

La segunda pieza de mi puzzle navideño me la sugirió una serie de conversaciones que he venido manteniendo con algunos colegas de profesión en las últimas dos intensas semanas que me han mantenido algo apartado del blog. Más que las películas, algunas de las cuales eran realmente interesantes –Hereafter de Eastwood, por ejemplo, o Cisne negro de Aronofsky-, he recuperado el interés por ir a los pases de prensa precisamente por esas charlas en las que me he tropezado con compañeros a los que conozco desde hace años, cada uno de su padre y de su madre, como un servidor, pero todos básicamente interesados por lo mismo: el cine, en todas sus variantes. Pero lamentablemente también he recordado a quienes ya no están en esos pases porque han caído víctimas de la puñetera crisis y están en el paro, o similar. Lo peor de todo lo que está ocurriendo es cómo está cambiando el paisaje de muchas vidas. Sospecho que nuestros políticos no piensan ni reparan mucho en ello, pero detrás de cada parado hay alguien bastante jodido, con seguridad muy mosqueado, y posiblemente tocado en sus ilusiones definitivamente. Algunos tocados y hasta hundidos.

A los colegas que afortunadamente siguen en esto y a los que ya no siguen pero en algún momento estuvieron, confiando en volver a encontrármelos a la mayor brevedad de vuelta en el circuito profesional, también quería dedicarles esta felicitación cuyo tema central es el optimismo.

El optimismo de la supervivencia contra pronóstico y en las peores condiciones. El optimismo que creo que debería ser un pensamiento central en la celebración de estas fiestas que llegan para muchos en momentos tan jodidos en lo personal o en lo laboral, o en ambas cosas, porque ya sabemos que lo segundo acaba afectando a lo primero, y viceversa.

Así que mi puzzle de felicitación navideña son dos portadas de cómic protagonizadas por el Juez Dredd, un personaje que básicamente viene a enseñarnos siempre la misma cosa: si te caes, vete pensando en levantarte, hasta el rabo todo es toro, y hasta que cae el telón todo es posible.

Creo que es ese optimismo exagerado y contra pronóstico, pura chulería desesperada, lo único que puede sacarnos de algunos momentos particularmente jodidos que nos regala la vida. No de todos, obviamente, pero sí de unos cuantos, y con seguridad de todos aquellos a los que les damos más importancia de la que realmente tienen.

Así que intentemos aplicarnos el Optimismo Desesperado del Juez Dredd como una estrategia para sobrevivir a estos tiempos tan jodidamente “interesantes” que estamos viviendo merced a la puñetera economía, a los prójimos que nos amargan la vida o simplemente a consecuencia de la gilipollez propia y/o ajena.

Sed tan felices como podáis en estas fiestas. Y si no os dejan, decidles en voz alta: ¡Ríndete, Satanus! ¡Es tu última oportunidad!

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