sábado, 13 de noviembre de 2010

BLACK RANSOM, de Keung Kwok-Man: TIRITOS Y ARTES MARCIALES


Claramente influenciada por Heat, de Michael Mann, esta película escrita y producida por el veterano director de Hong Kong Wong Jing y dirigida por Keung Kwok-Man y protagonizada por Simon Yam y Michael Miu sustituye el duelo policías/ladrones que en la película norteamericana mantuvieron Al Pacino y De Niro para enfrentar a los policías con otros policías convertidos en justicieros y secuestradores de poderosos mafiosos a los que extorsionan pidiendo un rescate a cambio de su vida.

Bien suministrada de secuencias de acción trepidante y muy espectaculares, como suele suceder siempre con el género policial en el cine de Hong Kong. Las escenas de combates de artes marciales que complementan las secuencias de acción física con tiroteos. La película maneja además muy bien el uso de los flashbacks a modo de herramienta narrativa para completar el argumento y tiene dos puntos que la hacen especialmente interesante.

Por un lado el papel de las mujeres en la trama es muy interesante. Son como una especie de espejo en el que se miran los hombres que las acompañan en esta peripecia. Eva, Koo y Can representan cada uno de los vértices entre los que se mueve la historia, la mafia, los policías y los secuestradores. Son el contrapunto de los hombres, lo que de algún modo les completa, pero al mismo tiempo, y sin hacer demasiado hincapié en ello, el director consigue dejar claro que hay dos mundos en la trama, aquel en el que tienen que moverse las mujeres y ese otro en el que los hombres siguen tomando las decisiones. Esto se hace incluso patente incluso en el caso de la mujer ausente del policía veterano, cuya ausencia hace que el viudo tenga que desdoblarse y ejercer a su manera como madre supletoria de su hija.

Es también muy curioso cómo la película establece de manera sutil la colaboración de la policía con las triadas, la mafia china, a través de la visita del Tío Dragón a la comisaría.

Entre otras cosas son especialmente curiosos los momentos en los que más se acercan a Heat, como la secuencia del duelo informático entre los dos protagonistas (la bicefalia aplicada al protagonismo parece hacer furor entre los cineastas asiáticos), que recuerda el cara a cara de Pacino y De Niro en el restaurante de la película de Michael Mann.

Por otro lado en algunos aspectos, como el de la pugna que mantienen entre sí los tres equipos de policía, dos legales y otro fuera de la ley, me ha recordado determinados momentos y asuntos de otra producción del género cocinada en Hong Kong, Infernal Affairs, de la que Martin Scorsese se ocupó de hacer el remake en Infitrados.

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