lunes, 18 de mayo de 2009

MARCHAR O MORIR, de Dick Francis


El sábado por la noche me malicié que el Real Madrid iba a hacer otra de las suyas, y tras ver el primer gol del Villarreal decidí que el iban a dar por saco al fútbol o balompié y me iba a dar un gusto cinematográfico, que es placer más seguro y satisfacción garantizada aunque la película sea regular o incluso mala. Le tocó así el turno a Marchar o morir, dirigida por Dick Richards en 1977 y protagonizada por Gene Hackman, Terence Hill, Catherine Deneuve y Max Von Sydow. La había visto siendo chaval en el ya desaparecido cine Fuencarral de Madrid, a dos pasos de la plaza de Quevedo y a unos cuantos más de la glorieta de Bilbao. Y ya en aquel momento, en pantalla grande de un cine que era bastante grande, me pareció algo escasa, entretenida, divertida, pero no tan épica como debiera. En aquella época Sam Peckimpah con La huida o Grupo salvaje, Richard Brooks con Los profesionales, John Huston con El hombe que pudo reinar o John Milius con El viento y el león me tenían muy mal acostumbrado en lo que a cine épico se refiere, y, claro, ésta se me quedó algo modesta, si bien que me pareció bastante curiosa. De manera que armado con tan escaso equipaje de memoria me apliqué a la tarea de verla de nuevo intentando ser objetivo, y acabé explicándome algo mejor por qué en principio me había gustado pero no del todo, por qué me parecía que le faltaba algo.
O que le sobraba.

Lo primero es que Terence Hill es un icono de los setenta, el memorable Trinidad, junto al inefable Bud Spencer, pero no da el perfil de héroe aguerrido, trágico e intrépido de la Legión Extranjera francesa, y al contrario que Gene Hackman, desentona. Tampoco creo que estuviera bien dirigido, cosa con la que Hackman, el siempre impresionante Hackman, puede lidiar sin dificultad, porque es un actor capaz de transmitir enorme profundidad a su personaje incluso sin diálogos, afianzándose simplemente en una mirada y en el silencio. Hill no puede hacer lo mismo, y no sé si por recomendación del director o por iniciativa propia, intentó solventar la papeleta tirando de simpatía, una de sus virtudes incuestionables, y "trinidadizando" el personaje de Marco, el Gitano, a base de sonrisas... No le funcionó. Y además, Hackman se lo comió de un bocado en la primera escena que compartían juntos, cuando el Gitano es pillado in fraganti en primera clase ligando con la Deneuve, nada menos.
Después de ese primer round, el combate por el protagonismo lo ganó por K.O. Hackman, cuyo personaje de militar estadounidense exiliado como mayor en la Legión Extranjera, tipo duro ejemplar con pasado oscuro y carácter arisco, era notablemente más agradecido ya de partida que el personaje del Gitano que le colaron al pobre Hill, un simple esbozo de tópicos heroicos al que le falta mucha mala leche para ponerse a la altura del papel interpretado por Hackman. También era un topicazo el papel de mujer fatal atraída por la fatalidad que le encalomaron a la Deneuve, pero ella es mucha actriz y mucha señora como para sacar adelante lo que haga falta simplemente con insinuar media sonrisa y una caída de ojos.
Hill sin embargo estaba húerfano y caminando por arenas movedizas interpretando un papel que no era ni carne ni pescado, y que le pegaba más a un Franco Nero o a un Alain Delon.
Rodada en California y en Marruecos (y en España, como aclaro en el post siguiente a éste) con un impresionante despliegue de talento por parte del español Gil Parrondo en lo que se refiere a ambientación y diseño de producción, contó con un presupuesto de 9 millones de dólares, contaba en el reparto con dos sólidos puntales sobre los que se afianza aún más el trabajo ejemplar de Hackman: Max Von Sydow e Ian Holm. El primero repite registro y claves de las decenas de papeles secundarios que ha venido interpretando desde que El exorcista le convirtió en una apuesta sobre seguro para añadir elegancia y estilo a cualquier historia. Holm, redescubierto por las nuevas generaciones de aficionados por su papel como Bilbo Bolsón en El señor de los anillos, puede plantear a los aficionados con más películas vistas un interesante juego de comparaciones. Su personaje de líder rifeño, El Krim, empeñado en unir a las tribus, tiene muchos puntos de contacto -en distinto marco geográfico e histórico, pero similar temática relacionada con la descolonización- con El Mahdi interpretado por Laurence Olivier en Kartum. Y creo que, mirado desde la modernidad, la mayoría nos quedaríamos con El Krim de Holm, más cercano y verosímil, desprovisto del alarde gestual y el puntito de sobreactuación y arrebato shakespeariano que le dió Laurence Olivier a El Mahdi.
En todo caso, al final me quedó la sensación agridulce de haber visto una película que podría haber sido mucho mejor con otro en lugar de Terence Hill, pero que tiene muy buenos momentos derivados del trabajo sólido de un Gene Hackman tremendamente competente.
Actores así cada vez le quedan menos al cine americano, me temo, porque entre los jóvenes no se da el número suficiente de reemplazos para llenar los huecos en las filas que va dejando el paso del tiempo.

Me quedo por tanto con lo positivo: Hackman, una aventura de Legión Extranjera (que suelen resultar como mínimo entretenidas, aunque raramente logren alcanzar la magia de la versión de Beau Geste protagonizada por Gary Cooper), Catherine Deneuve, una guapa de cine de las de antes, y el trabajo de Gil Parrondo.
Aunque no puedo dejar de pensar lo que un Huston, un Brooks, un Peckimpah o un Milius habrían podido hacer con esta historia (dando otra vuelta al guión, dicho sea de paso).
La anécdota es que Quentin Tarantino la seleccionó para el Primer Festival Quentin Tarantino de Austin, Texas, celebrado en 1996.
Así que a él también le gusta.

Por último, un tironcillo de orejas a la edición española en DVD. ¿Es que no quieren vender? Observen los carteles originales manejados por la producción y el collage que me hicieron para la copia española, totalmente deslucido.
Y otra cosilla: llama la atención el corte en el encuentro sexual de Hackman con Deneuve, una elipsis forzada que sin embargo está recogida en las fotos de la parte trasera de la caratula española. Esa elipsis resta interés a la relación de los personajes y al triángulo que se forja entre el mayor, el soldado y la mujer fatal de la historia, pero no es menos cierto que uno de los errores del guión es no haber explotado mejor ese asunto para reforzar el lado dramático de la trama, eliminando por ejemplo otros argumentos secundarios que no aportan nada y están metidos con calzador por falta de tiempo, como el secreto del pianista impotente, personaje que sobra totalmente, y el pasado del gigante barbudo, antiguo guardia del Zar, otro que también está en fuera de juego dentro de la historia.

Demasiada ambición llevó al director y guionista a ampliar demasiado el número de personajes, cuando ya tenía tres puntos sobradamente interesantes en su historia:
1.- la historia del triángulo entre el mayor Foster, el Gitano y la fémina.
2.- el choque de la metrópoli saqueadora de tesoros arqueológicos con las tribus rifeñas.
3.- la amistad/enemistad de Foster con El Krim.
Tal y como suele suceder, el guión es la clave desde la que empiezan a darse los problemas en la película. Aquí se aplicaría bien la frase "el que mucho abarca, poco aprieta".



4 comentarios:

Andres Pons dijo...

Me sorprende ver a Terence Hill en un filme de tan alta alcurnia, lo tenía situado en westerns europeos de poca trascendecia y en filmes con su amigo Bud Spencer.

Miguel Juan Payán dijo...

Como he comentado, creo que no le hicieron ningún favor al hombre.
El encargo le venía algo grande, o me lo dejaron al pobre en fuera de juego.
Un Alain Delon o un Franco Nero habrían estado más ajustados en ese papel.

Andres Pons dijo...

Claro, ese actor no lo veo en ese tipo de productos.

Por cierto le mande una reseña por si quiere publicarla.

Un saludo.

Miguel Juan Payán dijo...

Tengo la reseña, la colgaré en estos próximos días.