jueves, 22 de mayo de 2008

ALGO BUENO PARA LEER: HOLLYWOOD STATION


"Definición de lunático: el que hace la misma majadería una y otra vez y espera resultados distintos". Así se expresa James Ellroy en el largo texto introductorio de la novela Hollywood Station de Joseph Wambaugh, policía reciclado en escritor que nos ha dado a ambos y a muchos otros lectores repartidos por todo el mundo muy buenos ratos de lectura en nuestra juventud y era además el tipo de escritor capaz de meterte en el cuerpo las ganas de ponerte a escribir.
Wambaugh es una pieza esencial para explicar el cambio que se operó en la narrativa policíaca estadounidense para salir de su etapa más conservadora nacida al calor de la persecución ideológica de la Caza de Brujas del senador McCarthy en los años 50. A la sombra de la misma se había provocado la transformación de la narrativa Hard Boiled y Crook Story en el Procedural estatalmente paternalista y poco creíble, con policías inhumanamente perfectos, castos, puros y limpios como una patena.

Aquel tejido de mentiras, por otra parte tirando a aburrido, salvo raras y honrosas excepciones, empezó a rasgarse en 1951 con el clásico de William Wyler Brigada 21, que basándose en una obra teatral de Sidney Kingsley sirvió como primer acercamiento a la realidad cotidiana de las comisarías y las gentes que las habitan, dibujando un nuevo paisaje de la narrativa policial. Siguieron posteriormente las novelas de la Comisaría del Distrito 87 de Ed McBain, que serían poderosa inspiración para la serie Canción triste de Hill Street, de la que ya nos habló en este mismo blog el amigo Txetxu. Fue la madre de todas las series de polis que vinieron después, aunque antes de ella la tele contaba ya con tres poderosos antecedentes, El caballero de azul (1975-1976), adaptación de una novela escrita precisamente por Joseph Wambaugh que en 1973 se había trasladado al formato de largometraje televisivo protagonizado por William Holden, ganador de un premio Emmy por este trabajo, Adam 12 (1968), y Los patrulleros (1972), de la que más tarde nacería un spin off que también cosechó un notable éxito, Los hombres de Harrelson (1975). Si a esto añadimos la serie Las calles de San Francisco (1972) y la humanización de los policías de la pantalla grande llevada a cabo por películas como Bullit (1968), El detective (1968), French Connection (1971) y Brigada homicida (1968), que contaría con su propia versión televisiva titulada Madigan (1972), ya tendremos un paisaje más completo sobre cómo cambiaron la novela, el cine y las series de televisión sobre policías en un par de décadas, con la inestimable ayuda del amigo Wambaugh, quien además de influir literariamente en autores como James Ellroy y Michael Connelly ha prestado al cine en forma de novela varios títulos clásicos del género, como Los nuevos centuriones (1972), La patrulla de los inmorales (1977) o Campo de cebollas (1979).

En Hollywood Station Wambaugh recupera ese ambiente de las comisarías de Los Angeles que él mismo conoció de primera mano cuando era policía, pero situándose en la actualidad. Y aunque muchas cosas han cambiado desde los años 60 hasta ahora, el mensaje sigue siendo el mismo que definía James Ellroy en su introducción para la novela de su maestro hablando de la novela Los nuevos centuriones: "Sigue la pista a tres policías a lo largo de cinco años. La novela se desarrolla entre 1960 y los disturbios. La acción se impone en viñetas de actividad policial, patentiza íntimamene el delito como constante circunstancial y el delito como circunstancia definitoria. El temperamento de los policías es diverso. Sus respectivos puntos de vista convergen en unas líneas autoritarias y divergen en la necesidad de cada cual de rozar el mal y el desorden. La vida interior de los tres vaga en el trastorno. Cada día laborable se encuentran con el delito, lo subvierten, lo inhabilitan y desean contenerlo. El proceso sirve para acallar los miedos sobre la marcha y las procura un equilibrio ora estable, ora turbulento. La novela concluye poco después de los disturbios de Watts".
Es una buena definición de lo ocurrido con la humanización de los personajes de policías en la narrativa de ficción estadounidense, y sirve también como una buena definición de lo que les ocurre a los protagonistas de la novela Hollywood Station, en la que Wambaugh hace reflexiones como ésta: "Hoy día ni la mitad de los estudiantes universitarios entienden las editoriales de los periódicos. Les preocupa el iPod, el móvil y la fantasía en celuloide. La mayoría de esta generación estudiantil no lee nada fuera de clase más que revistas y alguna que otra novela gráfica, ni reflexiona sobre nada más serio que la descarga de vídeos".
Da un poco de miedo la cosa, ¿no?

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