domingo, 16 de junio de 2019

MARSHAL BASS NÚMERO 2: ASESINATOS FAMILIARES

Darko Macan en el guión e Igor Kordey en el dibujo nos traen de vuelta Bass en un nuevo paseo por el lejano y salvaje oeste empeñado en refundar -con éxito- las claves del western. 
En el comienzo, hibridación de géneros. Aparece el terror y ya en las primeras diez páginas, aunque en las mismas no aparezca todavía River Bass sino el elenco de personajes secundarios que van a acompañarlo en esta nueva fábula, ya tenemos claro el tono de personalidad propia que acompaña a River Bass en sus aventuras de viñeta. 
El paisaje es el del western, pero rápidamente las pinceladas de terror se van mezclando con el género policíaco de clave más romain noir, lo cual encaja con el personaje, que por profesión es un agente de la ley, pero por el color de su piel es un marginado en su propia sociedad, mirado con sospecha y como si fuera un criminal por la sociedad de los blancos. 
Está asi en el lugar perfecto para operar como un protagonista de novela negra a caballo entre la variante hard boiled y la variante crook story. 
En general, este segundo tomo me ha gustado más que el primero. Y sobre todo me gusta que haya cierto cambio de tono en la historia que se nos cuenta, que no sea más de lo mismo, que se instale la imprevisiblidad de lo que pueda ocurrir en el relato. 
En los comics de otros personajes clásicos de las viñetas del western no siempre ocurre esto. Cada tomo es una continuidad con el anterior. 
En el caso de Marshal Bass, al menos en estas dos primeras entregas, sus autores transmiten la idea de que no nos van a llevar siempre por el miso camino, y de paso reservan las páginas finales de este segundo tomo para mostrar su trabajo de ir profundizando en la psicología del personaje con cada nueva entrega, abriendo ese mundo privado que aparece en la interesante segunda lectura que se esconde tras la aventura o intriga de primer plano en cada número. 
El despliegue visual es nuevamente brillante, con cada viñeta, y nuevamente con esa doble página espectacular, que en este caso está más hacia el ecuador de la trama, en lugar de al principio, como en el número anterior, pero como aquella otra del número uno le otorga una cualidad cinematográfica de gran plano general filmado con grúa al dibujo de Kordey.
Espectacular. Mete al lector totalmente en ese mundo ya perdido del lejano y salvaje oeste, está repleta de matices, y aporta una información visual que nos permite entender la dinámica social de esa civilización en construcción. 
Los dibujos de Kordey consiguen lo que prometen los creadores de Westworld: estamos allí, donde ocurren las cosas, como si hubiéramos viajado a ese lugar y momento histórico que por otra parte es en realidad una fabulación imaginaria sobre un pasado inevitablemente adornado siempre por el mito. 
Esa gran viñeta a doble página nos demuestra también que Macan y Kordey han captado plenamente el juego de contrario, naturaleza contra civilización, que preside y sirve como motor del género western. 
Sus historias gravitan en torno a los áridos parajes naturales donde puntualmente se destacan remotas cabañas, granjas y fogatas perdidas en la nada de la naturaleza salvaje, donde los personajes se mueven siempre por el delgado hilo que separa la naturaleza de la civilización. O bien nos sumergen de lleno en las localidades en construcción donde inevitablemente tropezamos también con la barbarie y no faltan los abusos, la violencia, los linchamientos. 
Todo ese paisaje bicéfalo de la violencia en la lucha de lo salvaje con lo falsamente civilizado que revela su vulnerabilidad, habría encajado plenamente en la manera de entender el western de Sam Peckimpah, con un diseño del protagonista que recuerda a veces a la estrella del western mediterráneo Lee Van Cleef.
Pero lo que nos proponen Macan y Kordey son historias sobre el lejano y salvaje oeste que raramente veremos en una propuesta concebida en Estados Unidos, donde lógicamente les cuesta desprenderse de su propia mitología. 
La colección se desplaza siempre por una frontera de pesadilla donde el orden pierde siempre todas sus batallas contra el caos. Eso es lo que representa el personaje de River Bass, y queda en este segundo número aún más claro que en el primero. 
Hay incluso un tono de cuento infantil terrorífico, con bruja y de muy perturbadoras consecuencias en el encuentro de los dos jóvenes con Duquesa y sus hijos.  
Y el propio River Bass es nuestro guía por este universo de pesadilla que más allá de ser una historia de western nos habla de la imprevisible y caótica naturaleza de la realidad que nos rodea, y cómo bajo nuestros sueños de orden se ocultan estos atisbos de drama sangriento más presentes de lo que nos gustaría pensar en nuestras existencias. 
Nuestro lado más bestial sigue latiendo en algún rincón de nuestra mente. 
Otro aspecto interesante es el tratamiento del espacio en las viñetas que corresponden a lo que sería el equivalente de los planos más generales, y que junto con el tratamiento de la luz, imprimen un tono cinematográfico al despliegue visual de esta serie.